DESNUDO INTERIOR
Julia Barroso Villar. Catedrática de Historia del Arte.
Universidad de Oviedo.
Euliser Polanco no es aún conocido en Asturias en los círculos artísticos, a pesar de que trae detrás de si una trayectoria más que interesante a partir de la actividad profesional en su Cuba natal. Residente entre nosotros desde hace pocos años, creador plástico y, en la actualidad, profesor de artes plásticas, une la fotografía como actividad de fondo a su creación de instalaciones y objetos originales. Graduado en Bellas Artes en la Escuela Nacional de Artes de La Habana, la obra y el pensamiento que manifiesta tienen una madurez considerable, si analizamos a partir de su propuesta visual, de su percepción de los vínculos entre materiales y temas, del colorido y de la expresión, que ganan la atención de quién observa sus resultados sin prejuicios. Siendo consciente de la abrumadora oferta de posibilidades artísticas visuales que hoy nos ofrecen, hecho que dificulta la conexión y el resalte de obras de verdad frente a obras de relleno, la obra expuesta tiene una capacidad de adentrarse en el fondo del espectador si la mira sin perjuicios sobre lo que debe ser el arte, al margen de la idea preconcebida de la obra bella como resultado.
Euliser Polanco no es aún conocido en Asturias en los círculos artísticos, a pesar de que trae detrás de si una trayectoria más que interesante a partir de la actividad profesional en su Cuba natal. Residente entre nosotros desde hace pocos años, creador plástico y, en la actualidad, profesor de artes plásticas, une la fotografía como actividad de fondo a su creación de instalaciones y objetos originales. Graduado en Bellas Artes en la Escuela Nacional de Artes de La Habana, la obra y el pensamiento que manifiesta tienen una madurez considerable, si analizamos a partir de su propuesta visual, de su percepción de los vínculos entre materiales y temas, del colorido y de la expresión, que ganan la atención de quién observa sus resultados sin prejuicios. Siendo consciente de la abrumadora oferta de posibilidades artísticas visuales que hoy nos ofrecen, hecho que dificulta la conexión y el resalte de obras de verdad frente a obras de relleno, la obra expuesta tiene una capacidad de adentrarse en el fondo del espectador si la mira sin perjuicios sobre lo que debe ser el arte, al margen de la idea preconcebida de la obra bella como resultado.
Nadie puede dogmatizar sobre la verdad o falsedad de los resultados de
una obra, pero si el sentido matizado por la experiencia sirve de algo, he
captado algo no muy usual: los objetos artísticos de Euliser, denotan
experiencia vivida.
Sus propuestas, aunque pasadas por el intelecto, parecen ser fruto de una sensación intensa global y emocional de la vida misma, percibida en las dos dimensiones, como con ojo de pez. Lo digo porque hay un discurso coherente, que podemos entender enmarcado por el análisis lineal, teórico, del mundo que transmite más tarde en las obras. Pero también otro más intuitivo, sobre las estructuras de la vida misma, las relaciones entre los seres, la cultura, la identidad y lo global, lo peculiar y lo común. Éstas van, desde la sensación de exilio relativo, desde la añoranza de los orígenes, del marco que lo vio crecer, hasta la ubicación actual en esta Asturias, a la que interroga sobre su ser y sus cualidades, y de la que recibe por el momento, sólo unas pocas de sus claves de aceptación.
Hay algunas bases sobre las que se asienta la obra: en los procedimientos, parte de postular la aceptación de materiales no convencionales, afectando a la obra misma y los soportes, como es evidente, que son parte intrínseca del resultado final. El autor se implica en los materiales que provee la naturaleza, como los troncos y ramas de madera, producto del desecho del otoño, vistos como materia reciclable para dar cuerpo a las obras de su creación artística. Siente atracción inmediata por lo primario y natural, como referentes al tiempo en que reorganiza la propia vida, y confiere al discurso una primigenia tonalidad ocre, un color de barro que nos entronca con la tierra, con lo más primitivo del ser humano. Al mismo tiempo, reestructura las experiencias vitales y visuales mediante obras en las que vemos restos, testimonios de un mundo en desaparición pero también en metamorfosis, en la tensión entre estadios de la existencia del pasado y su parte de sustrato de la realidad actual.
La obra que expone en este momento gana dimensión, como no puede ser menos, si se refiere al contexto del resto de la misma: fotografías de modelos, e interesantes objetos, como el miriñaque hecho a base de ramaje cubierto de barro, con restos casi harapientos de las ropas, el corsé recortado en ruinas, que hacen evocar el desmoronamiento del sueño de Cenicienta al final de la noche mágica.
La exposición ·”Des nudo”, comienza con una pieza en la que se lee el
título en grandes letras, en un panel liso de letras en el tono marrón rojizo
del barro, que caracteriza el cromatismo del conjunto, sobre cartón endurecido.
Está integrada por piezas como un huevo primigenio, una caja de música
tradicional reutilizada, una estructura calada como una celosía, una jaula, y
diversas reliquias del pasado. Además de la jaula, prevista para servir además
de referente más que de prisión, a algún pájaro real, se complementa con un
cuadro de arpillera; la estructura en torre; la mesilla de noche sin tapa, el
mueble desestructurado que ahora alberga una inmensa manga de colar de formato tradicional,
como las de café antiguas tan usuales en Cuba un tiempo atrás; algunas piezas
formadas por trozos rotos de espejo, compuestos en mosaico disperso, devuelven
la mirada rota de ese universo leído en claves de lo perdido, como la era de la
caja de música, los relicarios de fotografías antiguas que evocan la familia, o
la caja de puros, fragmentos de un universo cubano antiguo y radicado en la
infancia del autor, e incluso en tradiciones bastante anteriores. La bandera de
su país hecha jirones, un motivo tan recurrente en el arte cubano actual, está
sin embargo plasmado con originalidad, apenas perceptible, camuflada con un
traje de despojos igual que lo mucho anterior, en los tonos ocre de la tierra,
y el rojizo de la sangre que uniforman su sentido del desnudo, de lo despojado
de artificios y regresado a su pura naturaleza, a sus cimientos dolorosos como
humanos, terrenales y simples, pero también poéticos.
Finalmente, me llama la atención la transformación del proceso de este
artista, que ha pintado retratos sugerentes en una línea muy diferente a la que
presenta en la exposición, y que inicia después de explorar esta fase, otra en
que las tonalidades se vuelven blancas, más claras, pues el autor pasa página a
sus momentos evolutivos hasta cerrar cada uno de ellos.En resumen, una obra más que sugerente en la que la instalación del
conjunto de motivos, debe leerse como un enigma cuya solución reside, por un
lado, en la base material de sus orígenes personales y ambientales, y por otra
parte, la más significativa en cuanto obra si se pudiera aislar de lo anterior,
en su desarrollo formal y conceptual, unidos en un ámbito de objetos-testigo
que sugieren la creación del artista, y la necesidad de su recreación por
quien, como espectador, quiera llegar más allá de laaparente simplicidad material.Una muestra esperanzada de que la obra de arte, con no ser poco, sirve
para algo más que para que su creador se recree en sus emociones a través de la
forma, lo mismo que quien lo contempla en las vibraciones que le sugiere:
también testimonio de una existencia más global, y propuesta de comprensión de
la madeja de la vida y de la historia.
Mi felicitación a Euliser Polanco por esta capacidad de síntesis creativa.
Mi felicitación a Euliser Polanco por esta capacidad de síntesis creativa.



1 comentario:
Euliser,
esta muy bien tu pagina pero me gustaria ver un poco mas de tu obra. Ademas escribe un poco...ya se estoy un poco exigente...
Lena
Publicar un comentario