Jaime Luís Martín. Crítico de arte y escritor.
Cuando se vive en el "paraíso", la ilusión personal e histórica se derrumba, y
la homogeneidad se instaura como el discurso de la fascinación, circulando
hasta el aburrimiento, artificios que algunos denominan bellos, cualidad decorativa y sin
temperatura. Pero Euliser Polanco (Las Tunas, Cuba, 1972), formado en la
Escuela Provincial de Artes Plásticas de Las Tunas, y en la Nacional de La
Habana, seleccionado en la Muestra de Artes Plásticas del Principado de
Asturias del año 2003, viene ralentizando el proceso de asimilación a esta
escena, estática e indiferente de las sociedades occidentales mediante una
narratividad iconográfica, que remite a la construcción de la identidad.
La descomposición del concepto a favor de la hibridación y el mestizaje,
la ascensión de la "globalización" hasta alcanzar categoría de tabú,
y la revuelta de la diferencia deconstructiva -entendida como una categoría polivalente y
ambigua, discordia activa en movimiento-, señalan los caminos de una crisis radical y la compleja
reconstrucción de la singularidad.
Pero Euliser, se aparta de la glaciación de la imagen y legitima la
desesperación, mediante autorretratos
fotográficos posteriormente transferidos a la tela. En la búsqueda de un
espacio propio se trazan líneas nómadas
sobre la superficie, y se añaden manchas de café, un lamento nostálgico y connotativo. No cabe duda de que estas
diferenciaciones icónicas enmarcadas por ramas y cuerdas, aluden a la
impotencia de un pensamiento deslocalizado, dislocado, la conexión con los
residuos de la memoria y los rizomas del
nomadismo. La angustia del rostro que contextualiza el grito como expresión, materializa también el desarraigo,
la mutilación de la palabra, la mismidad del artista.
Los procesos de identificación bien definidos por el número del
pasaporte, o por frases alusivas a su condición
de ciudadano de la República de Cuba, impresas en una tela a modo de velamen
construido con ramas, apuntan a una visión desalojada y al naufragio de la
identidad clásica, un viaje trazado actualmente sobre un mapa de lugares
difusos, y no-lugares (espacios sin historia y de circulación) que generan una
necesaria redefinición, y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías, como
depositarias de una identidad ubicua y desplazada.
El proceso previo a la puesta en escena, que
Euliser Polanco valora como una parte más de su trabajo, se refleja en un vídeo y en una
construcción contenedora de las cortezas de las ramas una vez peladas, un
ejercicio reconciliador de lo manual y el territorio, que define el parpadeo
contemporáneo, de lo fotográfico y lo videográfico. En este último caso son
imágenes de la labor artesanal, un documento de tareas repetitivas, objetuales
y técnicas, realizado sin artificiosidad ni alegorías, que explora la seducción
de los materiales y la vivencia doméstica de la creación.
Desterrado un cierto barroquismo que caracterizó su obra anterior,
definido un espacio de coexistencia entre lo disperso, lo simbólico y lo
diverso, afronta con la sabiduría de los expatriados, y la empatía de los
desgarrados, la búsqueda de su lugar, reconociendo que el pensamiento siempre
se encuentra en tránsito, en las hendiduras de la heterogeneidad.


